El Partido bonapartista de Marine Le Pen

Artículo de BOULEVARD VOLTAIRE, por Guillaume Bernard el 27-05-2016. Traducido al Español por Gontran Patrick Dutoya.

Enlace al artículo: https://goo.gl/QWwyWj


“La conjunción de los electorados de los extremos hizo que Napoleón aplastó sus adversarios”

La derecha y la izquierda moderada esperan una segunda vuelta en las elecciones presidenciales francesas que les oponga al Front Nacional porque están seguros de ganar gracias a una gran coalición (que nombran como Frente Republicano). Hecho que confirman casi todas las encuestas de opinión. Pero tal certeza puede hacerles pecar por orgullo, puesto que nada esta escrito. ¿Habrán los políticos olvidado la aplastante victoria de Louis-Napoleón Bonaparte en 1848? La conjunción de los electorados de los extremos hizo que Napoleón aplastó sus adversarios con cerca del 75% de los sufragios, es decir, más del 50% de los inscritos.

Cierto, el Front Nacional del siglo XXI no es para nada idéntico al bonapartismo del XIX, y las circunstancias son diferentes. Aún así, el electorado del Front National parece muy semejante al que entregó la victoria a Bonaparte. El voto fue popular, y en reacción a las élites. Reunió electorados dispares, los monárquicos y republicanos. Una parte de la derecha lo votó por miedo al desorden. Una parte de la izquierda lo hizo porque fue uno de los primeros en interesarse a la pobreza popular y para vengarse de los “días de junio” en la que los republicanos moderados apagaron violentamente las contestaciones sociales. El voto se cristalizó tanto por un nombre conocido como por el apoyo a un programa. Fue un voto mayormente rural (lo que hoy se conoce como la Francia periférica), contra el mundo urbano (actualmente, los centros metropolitanos globalizados).

La repartición geográfica fue desequilibrada, pero la masificación del apoyo en ciertas regiones compensó su débil representación en otras, particularmente el oeste del hexágono. Finalmente, el voto Bonapartista se exprimo sobretodo en los territorios descristianizados en los que la fractura social se sentía más que en otras partes, territorios en el que el sentimiento de no poseer el futuro es actualmente palpable.

Comparar no conduce por fuerza a la verdad, pero el paralelismo es muy significativo. El Front National seguramente no habrá elaborado conscientemente su estrategia sobre el modelo bonapartista, pero la similitud es inquietante. Podría explicar porque Marine Le Pen hace oídos sordos a las voces que le piden reorientar su línea para tomar en cuenta las proximidades doctrinales y las porosidades partidistas: poniendo el foco en la conquista del espacio político haciendo así de puente entre el Front National y Les Républicains. Como el Bonapartismo que era originariamente de izquierdas y que deslizo hacia la derecha del espectro político, el Front National de Marine Le Pen se presenta como partido despolarizado.

Pero el partido nacionalista toma un riesgo dejando inocupado un segmento electoral, huérfano desde el abandono de la derecha de la “Línea Buisson”, pero que no quedara mucho tiempo sin encarnación política: una parte del electorado que se pronuncia a su favor, por falta de otra cosa, pero que podría abandonarla en cualquier momento. Cierto és que la derecha legitimista se negó a apoyar Bonaparte mientras que la derecha liberal lo apoyó; Los que apoyaban los Orleans y los bonapartistas compartían la misma herencia revolucionaria. Pero hoy, es poco probable que el electorado de derecha moderada se acomoda del liberalismo social del nuevo FN, olvidando su tendencia al intervencionismo estatal económico y social. ¿ No tendría el Front Nacional más coherencia en la búsqueda del electorado católico, por una defensa de la sociabilidad natural en la que los temas de la familia y la nación convergen?

En todo caso, la dirección del partido parece convencida de poder compensar las perdidas en la derecha por ganancias en la izquierda. Pera el electorado de izquierda es justamente el que repugna el FN  por su política sobre inmigración y globalización. El que se decantó por Louis-Napoleón no se opuso a un programa en favor de la familia, la libertad de enseñanza y la propiedad privada. Por consecuencia, la inflexión del discurso del Front Nacional hacia una forma de intervencionismo en detrimento  de la subsidiariedad parece tener una utilidad muy relativa. Al fin y al cabo, lo que parece ser la apuesta Bonapartista de Marine Le Pen no aparece como algo del todo irrealista, pero aún esta muy lejos de la victoria, sobretodo para obtener la mayoría parlamentaria.

 

 

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