Antonio J. Torres: Objetivo: La anexión española de Portugal

Objetivo: La anexión española de Portugal

De un tiempo a esta parte está siendo bastante frecuente encontrar en los grandes medios de comunicación españoles y portugueses la publicación de encuestas que vendrían a exponer un supuesto deseo unidad entre los dos estados ibéricos: España y Portugal.

Incluso, a veces, no se expone sólo un supuesto deseo de unión de ambos estados formando un nuevo estado, Iberia, sino también un supuesto deseo de un número considerable de portugueses de unirse a España, convirtiendo así a Portugal en una comunidad autónoma más.

Fue en ese sentido como también se expresó el conocido escritor portugués José Saramago siendo la voz, de nuevo, de determinados sectores del imperialismo español, como lo ha sido anteriormente en otras cuestiones con sus opiniones sobre Cuba o el conflicto en Euskal Herria.

Según una encuesta que fue publicada por el semanario portugués Sol en septiembre de 2006 un 28% de los portugueses opinaban que España y Portugal deberían ser un solo estado, además, un 27% de los encuestados opinaba que la economía portuguesa iría mejor en ese hipotético estado unido, pero sólo algo más del 15% estarían dispuestos a aceptar como Jefe del Estado a Juan Carlos I. Por su parte, la revista española Tiempo en octubre del 2006 publicaba que el 45,6% de los encuestados españoles estarían a favor de la unión. Estas cifras, aunque pueden indicar cierto avance en la población de ambos estados ibéricos de cierta idea de unión, se han exagerado mucho por determinados medios de comunicación de ambos estado

Generalmente estas encuestas suelen servir en el caso del Estado español para arremeter contra los llamados “nacionalismos periféricos”, especialmente contra los nacionalismos vasco y catalán.

La idea de un solo estado para toda la Península Ibérica no es nueva en absoluto, el iberismo ha tenido a lo largo de la historia diversas formulaciones y propuestas dependiendo de los diferentes intereses de clase que había detrás, y por supuesto, del momento histórico, formulaciones monárquicas o republicanas, feudales o liberales burguesas, etc. En esta ocasión, los intereses están bien claros aunque no se expongan directamente: la dominación política de un sector de la burguesía imperialista española sobre Portugal. No basta con el saqueo imperialista español sobre Portugal, no basta que ya en la práctica se pueda hablar de una “unidad de mercado ibérica” a favor del imperialismo español, se busca también la dominación política y la consolidación de ese gran mercado ibérico dominado por la gran burguesía imperialista española, que pretendería así aumentar su poder en el contexto de la Unión Europea imperialista y Latinoamérica. No se trata de una unión, sino de una auténtica anexión.

Frente a esta visión del iberismo como una mera dominación española sobre Portugal, han existido visiones iberistas que se fundamentan en la libertad de unión y adhesión, no ya de dos estado (España y Portugal), sino de los diferentes pueblos que componen la Península Ibérica, respetando su libertad y su soberanía, en una perspectiva confederalista. Partidarios de esta visión fueron el nacionalista catalán Francesc Macià, fundador de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que concebía “l’Estat Català integrat en la Federació de Repúbliques Ibèriques”, el nacionalista andaluz Blas Infante en cuya propuesta de escudo para Andalucía rezaba el lema “Andalucía por sí, Iberia y la Humanidad”, además de su proyecto de un Estado Libre Andaluz que formara parte de una gran Confederación Ibero-Marroquí, el nacionalista vasco Manuel de Irujo, o el nacionalista gallego Castelao. El iberismo estaría también muy presente en el movimiento libertario, destacando la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y las propuestas iberistas de las Juventudes Libertarias (JJLL), pero menos en el movimiento comunista, destacando quizá la singular figura del comunista vasco Jesús Larrañaga cuando pronunció aquello de: “Calvo Sotelo sabe, y ahí tenéis el ejemplo de la URSS, que una España roja será precisamente eso que él detesta: una España rota, es decir, una Federación, una Unión Ibérica de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.

Portugal: una lucha histórica por la libertad

Por mucho que determinados medios de comunicación exageren la importancia de los porcentajes de población a favor de una falsa unión basada en los estados ibéricos, la realidad es que el pueblo portugués tiene razones históricas de peso para recelar firmemente del anexionismo español disfrazado de iberismo.

Los orígenes de la actual Portugal se encuentran en el condado portucalense del antiguo Reino de Galicia, feudo de Alfonso VI, Rey de León y de Castilla. El Condado fue ofrecido a Enrique de Borgoña, casado con la hija de Alfonso, Teresa, hermana de Urraca. Afonso Enriques, hijo de Enrique y Teresa, sería el primer rey de Portugal, que surge, por tanto, como reino independiente en el 1142; ya en 1179 el Papa Alejandro III reconocería a Portugal como reino independiente, consolidándose como tal bajo el reinado de Sancho I, de 1185 a 1211.

Castilla intentaría en sucesivas ocasiones la conquista del nuevo reino, destacando la victoria portuguesa de Aljubarrota en 1385 sobre las tropas castellanas. El triunfo convirtió al condestable Nuno Alvares Pereira en un verdadero héroe nacional portugués. Las agresiones castellanas se prolongarían durante los siglos XIV y XV.

En 1580, tras la muerte del Rey portugués Sebastián en la batalla de Alcazarquivir, el monarca español Felipe II procedería a ocupar Portugal con sus tropas haciendo valer por la fuerza de las armas sus derechos dinásticos sobre el trono portugués, la dominación española se prolongaría hasta 1640. Durante estos sesenta años de sometimiento al poder castellano-español, el pueblo portugués aprendió duramente las tendencias belicistas y militaristas, y el carácter anexionista y opresivo de la Corona de las Españas, con el imperial y subyugante Reino de Castilla a la cabeza. También en 1640 se levantaría Catalunya y Andalucía, siguiendo el ejemplo portugués.

Esta invasión dejó un fuerte sentimiento anticastellano y antiespañol en general, que resurge y se expresa en la coyuntura más insospechada. Ni siquiera las buenas relaciones en la época de los dictadores militares, Salazar y Franco, eliminaron esos temores. Los portugueses recelan y sospechan, y con razón, de cualquier pretensión iberista que disfrace las ansias anexionistas españolas.

La dominación económica española

El periodista comunista portugués Miguel Urbano Rodrígues salía al paso del iberismo que pretende disfrazar las intenciones anexionistas españolas destacando que en ninguno de los medios de comunicación que se hicieron eco de las encuestas a favor de la unidad de España y Portugal (Urbano Rodrígues cita a El País de España y O Público de Portugal) encontró referencia alguna “a la avasalladora colonización económica de Portugal por parte de España”.

Según destacaba un periodista de El País, citando datos de la Cámara de Comercio Hispano-Lusa, el flujo comercial entre España y Portugal supuso 24.000 millones de euros en el 2006, alrededor de 1050 empresas españolas están instaladas en Portugal destacando Zara o El Corte Inglés, frente a las 400 lusas en territorio del Estado español, que es el principal cliente de Portugal y no por nada su principal proveedor. Como no podía ser de otra manera es en el sector bancario donde el dominio español se hace evidente destacando el BBVA y el BSCH. 1,1 millones de ciudadanos del Estado español estuvieron de vacaciones en Portugal durante el 2006. En el 2003, Portugal importó de España por valor de 13.221 millones de euros, frente a las exportaciones portuguesas hacia España valoradas en 5.919 millones de euros. La inversión española en el sector inmobiliario portugués representó el 11,1% del total de la inversión directa de España en Portugal en el 2004. La presencia española en la economía portuguesa es significativa en el sector bancario como ya hemos indicado, el Santander controla un 15% de este mercado (el inmobiliario); textil y vestuario; distribución siderúrgica; inmobiliario y construcción, y vidrio de envase. Todos estos sectores están controlados al menos en un 20% por empresas españolas.

También podríamos hablar de los proyectos del MIBEL (Mercado Ibérico de la Electricidad) pero está paralizado, lo mismo que del mercado ibérico del gas.

Miguel Urbano Rodrígues nos aclara la posición de determinados sectores de la burguesía portuguesa: “La burguesía portuguesa, impresionada por las tasas de crecimiento del PIB en el país vecino, cita con respeto el «milagro español». No siempre lo afirma explícitamente, pero admite que es un factor de peso a favor de una unión con España. España ha pasado inclusive a ser un país exportador de capitales, lo que suscita a su admiración”. Visión la de un sector de la burguesía portuguesa que se traslada al resto de la población y su admiración por la seguridad social española, o por medidas como la reciente de 2500 euros por nuevo nacimiento del Gobierno de Zapatero. Sin embargo, nada asegura a la burguesía portuguesa y ni mucho menos a la clase obrera y al pueblo trabajador de Portugal en su conjunto que la unión con el Estado español mejoraría la situación. Para la burguesía portuguesa supondría su acta de defunción y la entrega total de su mercado nacional directamente a manos imperialistas españolas, mientras que para la clase obrera supondría continuar con salarios más bajos, sin apenas cambios sociales positivos destacables, y con una posible pérdida de tejido productivo que vendría a flexibilizar y a precarizar las relaciones laborales, aunque analistas económicos portugueses y españoles destaquen la creación de empleo en Portugal gracias a las inversiones españolas, la verdad es que nunca o casi nunca se suele analizar las características de esos empleos ni sus condiciones ni su calidad.

La perspectiva

Son muchos los problemas que presenta la unión de los estados de Portugal y España, desde económicos hasta políticos, por eso la gran burguesía imperialista española sólo se limita a dar golpes de efecto informativos cada cierto tiempo. En Portugal permanecen vivos aunque muy mitigados los sentimientos anticastellanos y antiespañoles en general, ya lo dice el refrán portugués “De España ni buenos vientos ni buenos casamientos”. Joao Soares, diputado socialista y ex Alcalde de Lisboa, destaca que la identidad portuguesa se fraguó en el nacionalismo antiespañol. Una unión del Estado español con una Portugal subordinada siendo la decimoctava comunidad autónoma española haría resurgir sin duda los sentimientos antiespañoles.

Para Joao Peñaranda, comisario de arte contemporáneo, en declaraciones a El País, la Unión Europea resuelve la cuestión del iberismo, y en realidad así ha sido, ya que el asalto español a Portugal comenzó en el mismo momento en que ambos estados ingresaron en 1986 en la CEE, hoy Unión Europea.

Sin duda alguna un problema serio a resolver seria el de la forma de Estado, ya que como hemos señalado antes poco más del 15% de los portugueses aceptaría al Rey Juan Carlos como futuro Jefe del Estado unificado. Otra cuestión que también suscita grandes pasiones entre los iberistas burgueses es el de la capitalidad del futuro estado unido.

Frente a ese discurso embaucador y engañoso que pretende hacer creer a las masas trabajadoras portuguesas que su nivel de vida mejorará de la noche a la mañana en una unión/integración con España, pseudoprogresista, que dice querer eliminar fronteras y se apoya en la supuesta voz izquierdista de José Saramago, la izquierda consecuente y combativa de los pueblos ibéricos ha de apostar por la auténtica unión de las naciones basadas inevitablemente en el ejercicio del derecho a la autodeterminación, la soberanía nacional, y la más completa libertad de adhesión a proyectos federales o confederales, ya sea de ámbito estatal español, ibérico, europeo, del Mediterráneo, etc. Una unión de pueblos libres y soberanos antiimperialista en una perspectiva socialista y comunista, de eliminación de la explotación del ser humano por el ser humano, frente al proyecto anexionista de sectores de la gran burguesía imperialista española que sólo pretenden la humillación de la clase obrera y del conjunto del pueblo portugués.

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