Sonia G. Ausin – Abejas: crónica de una muerte anunciada

Abejas: crónica de una muerte anunciada

 

Las abejas, esos insectos aparentemente insignificantes, tienen una importancia crucial en nuestra vida cotidiana. Intervienen en la obtención de comida, son  los mayores polinizadores a nivel mundial, pero a su vez se encuentran amenazadas por el sistema de producción alimentario.

abejas-AvaazMillones de abejas mueren cada año y su población disminuye a marchas forzadas. Una crónica anunciada desde hace varios años.

Las abejas se alimentan principalmente del néctar que contienen las flores de las plantas, y al tener un cuerpo muy peludo son uno de los principales polinizadores que existen. El polen se adhiere a su cuerpo y lo van transportando de una flor a otra al alimentarse.

La abeja melífera, productora de miel, puede visitar entre 50 y 1000 flores en un viaje y puede hacer de 7 a 14 viajes por día. En una colmena puede haber 25.000 abejas. Si hacemos las cuentas una colmena puede polinizar 250 millones de flores en un día.

La Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) afirma que “de unas 100 especies de cultivo que proporcionan el 90 % del alimento en el mundo, 71 se polinizan gracias a las abejas. Se calcula que la productividad debida a polinización es de 265 mil millones de euros. Y para que nos hagamos una idea de su importancia, según cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, una cuarta parte de la dieta estadounidense depende de la polinización de las abejas .

 

“No es difícil entender por qué las abejas eran consideradas sagradas por los griegos, los egipcios y los babilonios.”

Javier Sanz. La voz de Galicia

 

Aunque el arroz, trigo y el maíz se polinizan generalmente gracias al viento; los cultivos de frutas y verduras fundamentales en nuestra alimentación, como las manzanas, cebollas, brócoli, coliflor, chiles, papaya, melón, zanahorias, higos, soja, mango, entre otras plantas forrajeras para la producción de carne, depende completamente de la polinización de las abejas y otros animales, como por ejemplo los abejorros silvestres, con poblaciones muy diezmadas por nuestro modelo de vida actual .

Una correcta polinización garantiza frutos grandes y mejor formados, y también puede disminuir el tiempo entre la floración y la fructificación, lo que reduce el riesgo de exposición del fruto a plagas, enfermedades, mal tiempo, sustancias agroquímicas, y permite ahorrar agua.

La muerte de las abejas se alertaba desde hace años por asociaciones ecologistas que poco a poco han visto como científicos se han unido a sus denuncias. En 2011 Peter Neumann, científico del Centro de Investigación Swiss Bee confirmó que “las colonias de abejas en Estados Unidos han disminuido un 30%, mientras que en algunos países europeos se ha perdido el 20% de esta población. Aunque cada vez está más claro el descenso de las poblaciones de abejas a nivel mundial sigue sin haber un consenso sobre las causas, ni un número apropiado de investigaciones.

A parte de las abejas mielíferas y silvestres, no hay que olvidarse del papel de muchos otros polinizadores silvestres, sin los cuales, también se deduce que habría consecuencias nefastas para la producción de comida y la biodiversidad mundial.

Según la FAO muchas mariposas europeas corren un serio peligro de extinción debido a la modificación del uso de las tierras y a la intensificación de la agricultura. Entre las aves y los mamíferos polinizadores de todo el mundo, están en peligro de extinción o ya han desaparecido por lo menos 45 especies de murciélagos, 36 especies de mamíferos no voladores, 26 especies de colibríes y 70 especies de aves (paserinos).

“Parece probable que sobrevivir a base de polen con una media de siete plaguicidas diferentes tenga consecuencias” (Mullin et ál., 2010).

¿Por qué se mueren las abejas?

Algunas de las causas son el aumento de enfermedades y especies invasivas, la contaminación del aire, las medicinas usadas en las abejas mielíferas, que las curan de enfermedades pero quedan debilitadas a largo plazo, el transporte de colmenas para la polinización de monocultivos y el cambio climático. Pero según las asociaciones ecologistas el mayor problema que existe es el modelo de agricultura intensiva actual y el uso de agroquímicos, sobretodo de pesticidas.

Abejas intoxicadas. Agroquímicos. Greenpeace.
Abejas intoxicadas.Pesticidas. Greenpeace.

La expansión de la agricultura y el uso de herbicidas ha eliminado la diversidad vegetal alrededor de las tierras cultivadas. Además, el cambio climático y los monocultivos pueden modificar los patrones de floración, eliminar o desplazar plantas que eran importantes fuentes de alimento para las abejas, o causar un “desplazamiento de las estaciones”, en el que la floración ya no coincida con el surgimiento de abejas en primavera. Las abejas se debilitan por hambruna y la exposición a químicos, enferman, se desorientan y muchas veces mueren.

El uso de transgénicos también provoca polémica. “Es posible que un cultivo modificado genéticamente resistente a herbicidas para mejorar la producción mediante el control de malas hierbas, tenga la consecuencia indeseada de reducir la abundancia de abejas en el campo, lo que limitará el rendimiento del cultivo” (Morandin y Winston, 2005).

Pesticidas, veneno que no distingue

Los pesticidas son venenos que matan a los insectos sin hacer distinción entre plagas perjudiciales o animales beneficiosos para los cultivos.

Desde 2005 se han introducido unos innovadores pesticidas denominados neonicotinoides que se aplican en las semillas. Al germinar y crecer la planta se introducen en su organismo de manera que cuando un insecto se alimenta de la misma, de su néctar, polen o bebe el agua que exuda la planta como es el caso de las abejas, se envenena.

Esta intoxicación no tiene por qué provocar la muerte inmediata, debilita al animal que puede enfermar, o sufrir fuertes cambios fisiológicos al unirse su efecto con el de otros químicos. Puede desorientar a las abejas, hacer que pierdan su capacidad olfativa para distinguir entre plantas y flores de las que se alimentan, o aumentar el riesgo de ser atacadas por parásitos (Varroa y Nosema), virus y bacterias. Si las abejas obreras enferman y fallecen, la supervivencia de la colmena se complica, muchas veces muere toda la comunidad en lo que se ha bautizado como Síndrome de Colapso de Colmenas.

Por ejemplo: la exposición de abejas melíferas al plaguicida neonicotinoide imidacloprid aumenta las posibilidades de infección del parásito Nosema. Y el contacto con el pesticida deltametrin en combinación con los fungicidas procloraz o difenoconazol provoca hipotermia en abejas melíferas. El deltametrin afecta a una gran variedad de funciones celulares de las abejas, y causa notables disfunciones en las células del corazón, con cambios en la frecuencia y la fuerza de las contracciones cardiacas.

Greenpeace ha identificado siete insecticidas químicos prioritarios cuyo uso debería restringirse y eliminarse del medio ambiente para evitar la exposición de las abejas y otros polinizadores silvestres. Los siete insecticidas prioritarios son: imidacloprid, tiametoxam, clotianidina, fipronil, clorpirifos, cipermetrin y deltametrin.

Agroquímicos: ¿Solución, riesgo o negocio?

Las empresas agroquímicas defienden estas sustancias asegurando que no son nocivas y alegando grandes pérdidas económicas. “Vetar los neonicotinoides podría costar más de 100 millones según estudios citados por la patronal fitosanitaria española”.

Los neonicotinoides: clotianidina, imidacloprid y tiametoxam, están entre los insecticidas más vendidos del mundo y suponen el 85 % del mercado de su tipo, cuyo valor ascendía a 2.236 millones dólares en 2009. El imidacloprid, con ventas de 1.091 millones dólares en 2009, es el más vendido del mundo. Estos pesticidas son comercializados en Europa por Bayer y Syngenta. Junto a los agroquímicos para cultivos transgénicos, únicamente permitidos en España, que comercializa principalmente Monsanto.

El Dr. Bromenshenk fue contratado como especialista en 2003 por los apicultores de Estados Unidos en una demanda contra la empresa BAYER, (se sospechaba que sus pesticidas afectaban a las abejas). Pero luego se retiró del caso y recibió una subvención de BAYER para realizar otras investigaciones.

En cuanto a Monsanto, la gigante de los agroquímicos, compró la empresa Beelogics, dedicada hasta entonces a luchar contra la desaparición de las abejas.

Debemos tener en cuenta los 265 mil millones de euros en productividad  conseguidos gracias a la polinización de las abejas y otros insectos, que se podrían traducir en pérdidas si desaparecen. A parte de la crisis alimentaria que se podría dar. “Las abejas polinizan dos tercios de toda nuestra comida”

La discordia proviene de una falta de investigación, y de los esfuerzos de las empresas agroquímicas en vetar todo estudio que disminuya sus ventas, ignorando las consecuencias económicas por la falta de polinizadores a largo plazo e incluso los problemas alimentarios y sanitarios del uso de sus productos.

Tampoco se invierte en las alternativas respetuosas con el medio ambiente que podría acabar con el problema. Los cálculos de Urs Niggli, director del Instituto de Investigaciones para la Agricultura Ecológica (FiBL) de Suiza, son reveladores: de un presupuesto de unos 52 mil millones de dólares anuales gastados en investigación agrícola, menos del 0,4% se dedica a investigar y evaluar iniciativas específicamente ecológicas.

En abril del presente año 2013 se ha logrado una gran victoria en la conservación de las abejas con la prohibición en la UE durante dos años del uso de plaguicidas que afectan a estos insectos, concretamente los tres neonicotinoides más frecuentes.

Mientras que los días 15 y 16 de julio de 2013 se debatirá en la UE la prohibición de otro insecticida, el Fipronil, usado en los cultivos de girasol y maíz españoles. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) dictaminó que este insecticida plantea “un riesgo agudo elevado para las abejas cuando se utiliza como tratamiento de semillas de maíz”. Además, la EFSA señaló una serie de carencias en los datos disponibles. Greenpeace pide la aplicación del principio de precaución y la prohibición total y definitiva del insecticida.

La respuesta de los políticos ha sido lenta y aún queda mucho camino por recorrer, pero cada vez hay más conciencia de este problema entre la sociedad y los propios agricultores. No lleguemos al punto que demuestre que los que tildan esta crisis como apocalíptica puedan verificarlo, lleva anunciándose desde hace mucho tiempo y ya es hora de reaccionar.

“Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre sólo le quedarían 4 años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”

Frase que se asigna a Albert Einsten

 

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