Crónicas de nuestro ocaso. #1 El foso

  • AUTOR: Gontran Patrick Dutoya

Crónicas de nuestro ocaso. #1 El foso

En esta serie de artículos de opinión se presentarán aspectos oscuros de nuestra época, poniendo de manifiesto la fina línea que separa nuestra civilización del progreso de la barbarie autodestructiva que sigue formando parte de nuestro ADN.

 

Empiezan a ser demasiado habituales en prensa y telediarios las noticias que hacen referencia a Twitter (y a otras redes, pero Twitter abarca la gran mayoría de titulares). Noticias sobre comentarios de personalidades, indignaciones de todo tipo por parte de los usuarios, enfrentamientos verbales escritos… No hay casi ni un día que pase sin noticias tipo “Fulanito mete la pata en twitter y genera un aluvión de críticas”.

Me ha interpelado especialmente una noticia sobre Ada Colau rindiendo homenaje a Andrés Iniesta tras anunciar su retirada. Os dejo el tweet a continuación.

 

 

Al leer el tweet no acabé de entender donde estaba el problema ni donde estaba la noticia. Hasta que empecé a leer los comentarios. Al parecer mucha gente se había molestado por el termino “Barcelonés Universal” puesto que Iniesta es manchego. Al leer el tweet de Colau y sabiendo que Iniesta era de Fuentealbilla entendí que por sus más de 20 años jugando y viviendo en Barcelona, Colau lo consideraba como un barcelonés más, Universal haciendo quizás alusión a su origen y queriendo decir que no importa de donde venga uno, la ciudad lo acogerá y hará de el un barcelonés más. Por lo que seguramente no había motivo para reprocharle su comentario.

 

En todo caso no estoy aquí para defender la Alcaldesa. Lo que me interpeló y hasta cierto punto me fascinó de la noticia fue la cantidad de odio y falta de respeto que supuraba de los comentarios. Y no es para nada un caso aislado. Y podemos extrapolarlos a muchas otras redes sociales. Cuando alguna personalidad la pifia, realiza un comentario poco apropiado, o simplemente comete un error, aparecen los comentaristas de turno saltándole a la garganta, como si aquella personalidad malaventurada hubiera caído en un foso de hienas. Y como hienas, estas también empiezan a destriparse entre sí mientras muchas hacen trizas a la víctima hasta dejarla en los huesos. Y esto a diario, continuamente y desde todo tipo de perfiles.

 

La primera conclusión que saco de ello es que por más que nos creamos ser el eslabón más refinados de la evolución humana, el pináculo de la civilización, no dejamos de ser unos salvajes, unas bestias dispuestas a derramar sangre cuando se presenta la ocasión y sobretodo cuando no hay peligro. Por lo que además de ser violentos somos cobardes. La típica escena de película medieval en la que se juzga a alguien en la plaza pública (una bruja, para usar los tópicos), y el populacho abuchea y tira verduras podridas me parece muy familiar cuando me paseo en algunas redes. Por lo que, poder ver a mucha gente expresarse por igual en las redes hace palpable el nivel de mezquindad en el que seguimos. Pero por supuesto, como ocurre en la citada película medieval, muchos son los que ni siquiera acuden a la plaza o que están en ella, observando sin actuar. Lo mismo ocurre en Twitter y en las demás redes. No son una representación exacta de la sociedad pero el caso es que los que están allí, y concretamente los que dedican tiempo a comentar, a menudo lo hacen para desahogarse y para soltar la rabia que deben de contener a lo largo del día contra sus superiores, compañeros de trabajo, amigos o familiares. Son más difíciles de encontrar aquellas personas que usan esta red con fines constructivos

 

Allí va la segunda conclusión. Las redes nos conectan digitalmente, obviando las distancias físicas y hasta cierto punto, las distancias temporales; la famosa hemeroteca que tanto daño hace a políticos y demás personalidades. Nunca jamás en la historia hemos estado tan interconectados. Pero la otra cara de esta moneda es que con lo conectamos que estamos a nivel de red, nos damos cuenta, irónicamente, de lo desconectados mentalmente que estamos de los demás, igual que estamos desconectados de nosotros mismos, de nuestro propio ser, y de la misma vida y de la naturaleza. Podemos en un clic comentar una declaración de un político de primer nivel, pero por otro lado somos incapaces de sentir un mínimo de empatía y de humanidad cuando estamos en la twittosfera. Es curioso en este sentido imaginar las personas que se confrontan en Twitter en la vida real. Las que se intimidan y se desean la muerte. Es tan fácil escribir unas frases… Pero el contacto humano quizás aporte justamente aquello de lo que carecen las redes sociales, de humanidad y empatía.

 

Como tercera conclusión, me interrogo seriamente sobre el papel de los políticos en esta nueva era digital, pero esto, lo comentaré en el siguiente artículo de la serie.

 

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