¿Por qué no es posible un Estado Europeo? (por ahora)

  • AUTOR: Gontran Patrick Dutoya

¿Por qué no es posible un Estado Europeo? (por ahora)

 

Llevamos unas cuantas décadas formando parte de este conglomerado de países denominado UNIÓN EUROPEA, y podemos empezar a hacer un balance de la situación, vislumbrando los caminos futuros que pueden conducir al éxito o fracaso del proyecto. Todos coincidiremos que esta confederación de estados nos ha aportado algunos beneficios, pero al mismo tiempo son cada vez más aquellos que ya no creen en este proyecto, que han dejado de tener esperanza en esta construcción y que incluso apostan por desmantelarla o salir de ella, de hecho algunos países como el Reino Unido ya han dado el salto.

Empezando con la problemática económica. ¿Problemática? No para todo el mundo. Los mercados encuentran una gran ventaja en un mercado común europeo, que facilita muchísimo los intercambios de capitales y mercancías. Es más práctico navegar en un mercado “uniformizado” que en un mosaico de países, cada uno con sus propias normativas y leyes. Esto, en principio, beneficia a cualquier empresa que puede comercializar sus productos o servicios en todos los países de la unión. Entonces, ¿Dónde está la problemática económica? Podríamos afirmar, sin ser demasiado aventureros, que la unión europea se ha planteado para las mercancías y los capitales, es decir, para beneficio de las grandes corporaciones.

Soy consciente que esta afirmación suena a tópico, incluso estaría dispuesto a admitir que se trata de una visión populista. Pero si bien la Unión Europea ha regulado a nivel comunitario los aspectos inherentes a las mercancías, productos y capitales (aunque…), no lo ha hecho con el capital humano. Nos encontramos pues que un agricultor francés y un español deberán cumplir a menudo, la gran mayoría de las normativas que se apliquen a sus productos, pero el agricultor francés deberá pagar más a sus empleados que el español, debido a la diferente legislación que existe entre ambos países. Pero también existe la problemática inversa en otros sectores; el español, a pesar de cobrar menos que la media europea, tendrá unos estudios universitarios más caros (entre los 10 países con mayor coste de estudios universitarios). Al final, no existe ninguna paridad europea en cuanto a salarios, oportunidades y bienestar. Para ello sin duda haría falta un mayor consenso europeo y quizás, la creación de un estado federal europeo. Y aquí es donde entra la mayor problemática.

Europa no es para nada un nuevo concepto, puesto que encuentra sus raíces ya en el imperio carolingio. El concepto europeo ha tomado diversas formas pero podemos acordar que el concepto europeo es heredero del derecho romano, el pensamiento helenístico y la moral cristiana. Se podrían considerar que estos tres pilares son la base de la “Cultura Europea” si bien existe en Europa una gran diversidad que podrá dar más protagonismo a uno u otro de estos pilares, mezclando con culturas vecinas, pueblos ancestrales y intercambios con las tierras de los continentes vecinos. De hecho Europa no deja de ser Asia, pero con una historia y una ebullición tan rica, variada y tumultuosa que se ha ganado el rango de “Minicontinente”, y se estudia a menudo como un continente. Allí va lo que nos identifica a todos como Europeos o Habitantes de Europa, pero el problema está realmente en todo lo demás.

¿Por qué a pesar de considerarnos todos europeos, no logramos construir un superestado europeo? Analizaremos el punto de vista desde nuestro estado Español para entenderlo mejor.

En realidad, ¿Qué conocemos acerca de nuestros vecinos? A menos de estar particularmente interesados en otro país, haber vivido allí o tener familiares, nos llega muy poca información sobre los demás pueblos europeos. Podríamos dividir la información básica que recibimos en tres canales diferentes.

  • El Turismo: Muchas veces, sobretodo en un país tan turístico como España, conocemos nuestros vecinos por los turistas que nos mandan. Hay muchos tipos de turistas, algunos muy discretos y desapercibidos, pero acabamos tapándonos siempre con los peores turistas; porqué son los más molestos, los que más ruido hacen, los que beben desenfrenadamente, los que hacen balconing, los arrogantes, y un largo etc. Al final, sólo nos fijamos en lo peor que nos exportan nuestros vecinos, y en base a esto construimos nuestra opinión.
  • La historia: Lo que generalmente se nos enseña de un país es su historia. No estudiamos su cultura, el modo de vida de sus gentes, sus logros a nivel de cultura, los avances que han aportado… nada de eso. Por lo general cuando aprendemos sobre otro país aprendemos sobre sus reyes, sus guerras, sus revueltas y sus conquistas. Y lo peor es que estudiando nuestra propia historia se hace mucho incapié en aquellos contra los que nuestros antepasados lucharon. Sobre francia, nos obsesionamos con Napoleón, con los reyes decapitados y con la colonización de África. Sobre los ingleses, el sinfín de conflictos que les opusieron a España, su imperio mundial, y quizás el nacimiento del capitalismo, y que “nos robaron Gibraltar”. Sobre los Alemanes, Hitler, el nazismo… y más nazismo aún… En resumen, difícil apreciar a nuestros vecinos en estas condiciones.
  • Y por acabar, conocemos los tópicos seculares, que nos muestran los productos culturales como las películas de Hollywood. Tópicos que se reducen a una mera caricatura de los pueblos y gentes de los demás países, reduciendo a menudo un mosaico de riqueza cultural a cuatro elementos folclóricos.

Siendo hijo de inmigrantes, he palpado cómo en España estos tres canales han reducido el pueblo del que vengo a una caricatura grotesca. Y he podido comprobar, tras viajar y pasar largas estancias en el extranjero,  a que tópicos se reducía España en otros países extranjeros (Tópicos que por cierto, a menudo son alimentados por nuestros propios representantes de pocas alturas). Lo cierto es que es difícil construir un sentimiento “Europeo” en estas condiciones. Teniendo a nuestros vecinos por vagos, altivos, creídos, egoístas, sucios, colonizadores, arrogantes, nazis, etc. Lo cierto es que nadie es perfecto, y se nos presentan dos opciones: O seguimos focalizando en aquellos aspectos negativos de nuestros vecinos, o empezamos de una vez a redescubrirlos y fijarnos en los aspectos positivos de los demás. Españoles vagos, o españoles alegres y festivos. Franceses pedantes, o franceses creativos y predispuestos, Alemanes aburridos o alemanes meticulosos y atentos… Uniéndonos en base a nuestras respectivas cualidades puede ser mucho más enriquecedor que enfrentarnos en base a nuestros defectos recíprocos. Porqué hasta la fecha hemos actuado así, y todos conocemos el resultado; de conflicto en conflicto hasta la guerra, y de guerra en guerra hasta las guerras mundiales. ¿Y ahora intentamos construir una Europa sin cambiar nuestra mentalidad? Ya tenemos indicios de cómo va a acabar la cosa si seguimos por este camino.

El verdadero Europeísmo no es el que quiere disolver las identidades y subyugarlas a un mercado mayor. ¡No! El verdadero Europeísmo es aquel que nos hace sentirnos orgullosos de nosotros mismos, de nuestra pertenencia a nuestro país y a nuestra cultura, pero también nos hace sentirnos orgullosos de nuestros vecinos, de los logros que han conseguido y de sus culturas. Dejemos las batallas pasadas en las que pocos se enriquecieron y en la que muchos perecieron, dejemos de reducir la historia de nuestros vecinos a los reyes y los conquistadores y empecemos a interesarnos por los que de verdad han aportado a su país y a toda la humanidad. Basta de Napoleones y Hitleres, recordemos a Point Carré, Pasteur, Molière, Goethe, Kant, Koch… y a toda la cultura fruta de generaciones y generaciones de gentes humildes, trabajadores y perseverantes. Europa no son cuatro reyes, políticos y dictadores egocentristas, Europa es una tierra bella con pueblos de herencia milenaria. Cuando comprendamos de verdad todo lo que ha salido de este pedacito de tierra, y a menudo gracias a los intercambios entre unos y otros, empezaremos a hacer la Europa Verdadera.

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