Los kilovatios son míos (llega la democracia energética)

Los kilovatios son míos (llega la democracia energética)

Una cooperativa con más de 88.000 contratos, el primer aerogenerador ‘ciudadano’ o la empresa pública Barcelona Energia, ejemplos de un cambio de modelo energético

La electricidad ha estado tradicionalmente en unas pocas manos privados, pero diversos proyectos sirven de ejemplo de cómo está emergiendo un nuevo modelo energético, en el que este servicio básico adquiere un carácter democrático y participativo. Explicamos aquí cuatro ejemplos: una comercializadora y cooperativa que suma 88.417 contratos (Som Energia), el primer aerogenerador promovido por los propios ciudadanos (Viure de l’Aire del Cel), el de la empresa pública municipal de Barcelona y el primer proyecto de autoconsumo compartido (Hola Luz). Son algunas muestras de cómo la participación ciudadana en la energía avanza rápido en Cataluña.

Todos estos proyectos son iniciativas que apuntan hacia una transición energética.

 

Pero ¿cómo definir este concepto? “Se trata de pasar de un modelo energético centralizado basado en la oferta de energía de las grandes centrales térmicas a otro modelo descentralizado que pivota sobre el protagonismo de los consumidores y la gestión de la demanda”, dice Javier García Breva, analista experto en la materia.

Todas iniciativas ayudan también a incrementar la competencia (de lo cual deben salir beneficiados los ciudadanos).

La transición energética debe servir para superar “un mercado monopolizado por cuatro o cinco empresas y llegar a un mercado eléctrico en el que participan millones de consumidores”, añade García Breva.

Trasladar el poder a millones de autoconsumidores rebajará la codicia del mercado y, sobre todo, ayudará a bajar los precios, aseguran los expertos.

 

Cooperativa y comercializadora de energía verde

Uno de los éxitos más sorprendentes es el de Som Energia (54.168 socios y 88.417 contratos: datos a 31 de diciembre del 2018), una cooperativa comercializadora y productora de energía renovable que ha conectado con los deseos de muchos ciudadanos de ‘escapar’ a las grandes compañías eléctricas y de contribuir al impulso de las fuentes limpias.

Su objetivo último es producir energía limpia equivalente al 100% del consumo de sus cooperativistas (ahora ronda el 7%).

“No nos podíamos ni imaginar que un proyecto como éste, en sólo 7 años, iba a reunir más de 54.000 socios y más de 88.000 contratos, sobre todo porque no había ni precedentes ni experiencias previas”, comenta Marc Roselló, directivo de Som Energia.

La electricidad ha estado tradicionalmente en unas pocas manos privados, pero diversos proyectos sirven de ejemplo de cómo está emergiendo un nuevo modelo energético, en el que este servicio básico adquiere un carácter democrático y participativo. Explicamos aquí cuatro ejemplos: una comercializadora y cooperativa que suma 88.417 contratos (Som Energia), el primer aerogenerador promovido por los propios ciudadanos (Viure de l’Aire del Cel), el de la empresa pública municipal de Barcelona y el primer proyecto de autoconsumo compartido (Hola Luz). Son algunas muestras de cómo la participación ciudadana en la energía avanza rápido en Cataluña.

Todos estos proyectos son iniciativas que apuntan hacia una transición energética.

 

 

Pero ¿cómo definir este concepto? “Se trata de pasar de un modelo energético centralizado basado en la oferta de energía de las grandes centrales térmicas a otro modelo descentralizado que pivota sobre el protagonismo de los consumidores y la gestión de la demanda”, dice Javier García Breva, analista experto en la materia.

Todas iniciativas ayudan también a incrementar la competencia (de lo cual deben salir beneficiados los ciudadanos).

La transición energética debe servir para superar “un mercado monopolizado por cuatro o cinco empresas y llegar a un mercado eléctrico en el que participan millones de consumidores”, añade García Breva.

Trasladar el poder a millones de autoconsumidores rebajará la codicia del mercado y, sobre todo, ayudará a bajar los precios, aseguran los expertos.

Cooperativa y comercializadora de energía verde

Uno de los éxitos más sorprendentes es el de Som Energia (54.168 socios y 88.417 contratos: datos a 31 de diciembre del 2018), una cooperativa comercializadora y productora de energía renovable que ha conectado con los deseos de muchos ciudadanos de ‘escapar’ a las grandes compañías eléctricas y de contribuir al impulso de las fuentes limpias.

Su objetivo último es producir energía limpia equivalente al 100% del consumo de sus cooperativistas (ahora ronda el 7%).

“No nos podíamos ni imaginar que un proyecto como éste, en sólo 7 años, iba a reunir más de 54.000 socios y más de 88.000 contratos, sobre todo porque no había ni precedentes ni experiencias previas”, comenta Marc Roselló, directivo de Som Energia.

La comercializadora crece a razón de unos 150 nuevos socios y 300 contratos a la semana (muchos inscritos tienen más de una vivienda).

 

Razones del salto

¿Y qué ha movido a todos estos ciudadanos a dar el salto a esta cooperativa?

El deseo de promover la energía renovable, la posibilidad de escapar de las grandes eléctricas y las buenas referencias a través del boca a oreja explican por qué muchas personas hayan dado el paso; el salto.

Los socios de Som Energia deploraban las relaciones entre eléctricas y políticos, según las encuestas.

“Pero si deciden cambiar de compañía, es sobre todo para sentirse mejor tratados”, precisa Roselló.

 

El precio, asunto clave

¿Y el precio de la luz?, ¿sale a cuenta cambiarse a la cooperativa? “Es conocido que nuestros precios están entre los más bajos”, responde Roselló.

“No hay contratos de mantenimiento opacos, ni falsos descuentos…La factura es la justa…” , dice.

Som Energia (que lleva ya invertidos 11 millones en fuentes renovables) desarrolla diversas líneas de acción.

Por una parte, es una compañía comercializadora, como cualquier otra (con la diferencia, eso sí, de que no tiene un consejo de administración para dar cobijo a influyentes políticos). La participación la garantiza las asambleas anuales de socios.

En segundo lugar, es una promotora de energía renovable, con una amplia cartera de instalaciones renovables de propiedad, y que incluye ocho plantas fotovoltaicas en funcionamiento (en Catalunya, Valencia y Andalucía), así una planta de biogás y una minicentral hidroeléctrica en Valladolid.

Los socios que lo deseen hacen aportaciones periódicas al capital social de la compañía para invertir en estas plantas (Alcolea del Río, Lora..).

Para financiarlas, la cooperativa no ha contado ni con primas ni subvenciones; la venta de la electricidad a la red permite obtener una rentabilidad del 1,75% anual.

 

Generation kWh

, en tercer, lugar, se puede participar en la producción limpia a través del proyecto Generation kWh.

Mediante él, el socio deja dinero sin interés durante 25 años a la cooperativa, que devuelve una parte de ese dinero cada año, con la ventaja de que gracias al proyecto se obtiene la electricidad producida al precio de coste (y se logra un precio más barato en su factura).

Esta modalidad permite adquirir la electricidad a un precio muy inferior al del mercado (incluso pagando, eso sí los costes de mantenimiento, amortización…).

“Es como tener un huerto comunitario con tomates, en el que cada uno coge los tomates en función de lo que haya puesto; así le sale más a cuenta que si va al supermercado”, dice Roselló.

La electricidad de Generation kWh cuesta a 0,11 céntimos el kWh, mientras que normalmente el cliente final la paga a más de 0,13 céntimos/kWh.

“Recomendamos hacer una inversión que cubra el 70% del consumo anual”, añade Roselló.

En unos pocos años, y atendiendo a que se espera que haya mayor eficacia energética y menor consumo, se lograría comprar electricidad equivalente al 100% del consumo.

Som Energia desarrollo también numerosos proyectos e iniciativas para el ahorro y eficiencia: tarifa de discriminación horaria, reducción de potencia instalada, además de las opciones del cooperativista.

Cataluña conectada a Europa

“Es cierto que el fenómeno de los proyectos de democratización del sistema eléctrico tiene destacados ejemplos en Catalunya. La razón es que siempre hemos estado conectados a lo que pasaba en Europa, y seguimos muy de cerca el nacimiento de la eólica moderna en Dinamarca, a finales de los años 70 y principios de los 80”, explica Josep Puig, ingeniero industrial y profesor de energía en la UAB durante 30 años.

Puig es uno de los artífices del primer aerogenerador de España promovido por iniciativa ciudadana, que entró en servicio la primavera del año 2018 en Pujalt (Anoia, Barcelona).

El proyecto Viure de l’Aire del Cel, obra de la sociedad Eolpop, ha reunido 2,8 millones de euros, aportados por más de 600 socios, entre los que hay particulares, familias, oenegés y empresas o cooperativas.

 

El proyecto pretende sobre todo ser una demostración de las posibilidades que ofrece la iniciativa ciudadana para emprender actuaciones que aceleren la llegada de un modelo energético más limpio y democrático.

Dada la alta inversión requerida, la venta de la energía producida no va a ser ningún ‘supernegocio’ para sus participantes, que solo podrán obtener beneficios netos una vez recuperadas las aportaciones realizadas.

En las condiciones actuales, eso se prevé para dentro de 20 años. O tal vez antes, visto el aumento del precio del kWh vertido a la red.

 

El molino de Pujalt

El molino instalado en Pujalt mide 135 metros de alto, mientras que el rotor (el círculo que forman las palas al girar) tiene 103 metros de diámetro. Es todo un emblema. Su potencia es de 2,35 MW y está previsto que genere 5,4 millones de kilovatios hora, electricidad equivalente al consumo de unas 1.800 familias.

El objetivo de la iniciativa es “lograr una plena democratización de la energía y hacer que la gente pueda ser propietaria de las infraestructuras eléctricas”, destaca Pep Puig.

El proyecto no cuenta con ninguna ayuda ni subvención, ni por supuesto se beneficia de las primas, que fueron eliminadas totalmente por el gobierno popular para este tipo de nuevas instalaciones. Los inscritos en el proyecto han hecho aportaciones que oscilan entre 100 y 100.000 euros, si bien el promedio de esta inversión económica individual es de entre 5.000 y 6.000 euros.

 

Vendida a la red

La electricidad obtenida se vende al sistema eléctrico, de manera que se da la paradoja de que sus promotores (que ansían un cambio en el modelo eléctrico y una generalización de la energía limpia) se han beneficiado del incremento del precio del kWh en el mercado mayorista (acrecentado los últimos tiempos por el denostado sistema de conformación de precio).

Venden la electricidad al precio que fija el mercado mayorista (actualmente oscila alrededor de 7 céntimos/kWh producido, y varía día a día, y los usuarios lo pagan a 14 céntimos/kWh).

La previsión es que los participantes en este proyecto recuperen anualmente una veinteava parte de la inversión (por la venta de la electricidad), de manera que podrán recuperar plenamente la inversión en unos 20 años.

Será a partir de ese momento cuando toda la venta de la electricidad dará beneficios netos.

 

Al alcance de todos

“En España, los proyectos de tecnología eólica han sido promovidos hasta ahora sólo por las empresas, pero está al alcance de todos. Ya se dan las condiciones para que la ciudadanía realice una apropiación social de la tecnología”, señala Josep Puig Boix.

La gran fuente de inspiración del proyecto –señala Puig- ha sido sobre todo Dinamarca (y, en menor medida Alemania), en donde a finales de los años 80 y principios de los años 90 del siglo pasado nació un movimiento de las cooperativas para promover la energía eólica que obtuvo un gran apoyo popular.

“Aprendimos mucho de este país. La cultura cooperativista de la energía eólica nació en Dinamarca, y luego fue copiada por Alemania, que ya tiene muchos parques eólicos marinos”, confiesa Puig.

Bajo la inspiración de Dinamarca, surgieron iniciativas para promover las energías renovables en Cataluña. En esta comunidad se levantó el primer aerogenerador conectado a la red (Vilopriu, 1984) y echaron a andar Ecotècnia –integrada luego en la Cooperativa Mondragón y posteriormente absorbida por Alstom- o Ecoserveis.

Mientras las grandes empresas mundiales fracasaban en el desarrollo de la tecnología eólica, en Dinamarca el éxito popular fue fulgurante. Su gobierno fue el primero en certificar las modernas máquina aerogeneradores y crear las condiciones para el desarrollo de la tecnología.

Modelo danés

No es casualidad que la máquina comprada para Pujalt sea de la marca Enercon, una empresa familiar que nació a la vez que Ecotècnia, y que suministra la mayor parte de aerogeneradores en los proyectos ciudadanos.

No menos significativo es la propia génesis del cooperativismo eólico danés. A finales de los años 70, hubo un movimiento de oposición muy fuerte contra la energía nuclear en este país, y que dio lugar a un acuerdo en el parlamento para renunciar a la energía nuclear.

Pero más decisivo fue que todos esos ciudadanos crearon OVE (Organización de Energía Renovable); entraron en contacto con fabricantes locales de maquinaria agrícola para desarrollar aerogeneradores de potencias inferiores a 100 kW. Una de estas se convirtió, con el tiempo, en Vestas, fabricante global de aerogeneradores)).

“Los orígenes de la tecnología eólica moderna hay que buscarlos en este movimiento popular, no en laboratorios o centros de investigación”, dice Puig.

 

Una idea desde el 2009

La idea de levantar este molino fue esbozada hacia el año 2009, con motivo del 25 aniversario del molino de Vilopriu, y hasta el 2017 sus promotores fueron superando complejos trámites burocráticos.

Desde el primer momento, tuvieron claro que el lugar elegido debía tener una fácil conexión a la red, buenos accesos y disponibilidad de recursos eólicos. Todos estos requisitos los reúne el emplazamiento de Pujalt, que cuenta con el respaldo decidido del Ayuntamiento y de los vecinos.

Este molino de viento, además, han sorteado una tramitación llena de obstáculos burocráticos. “Tuvimos que hablar con varios directores generales; en la tramitación, nos exigieron, incluso, efectuar una exploración arqueológica, cuando se trataba un terreno agrícola labrado mil veces. Y nos han aplicado la normativa catalana sobre parques eólicos, que es muy exigente”.

“Si todos nos implicáramos en proyectos como éste, el suministro de energía sería democrático. El mercado ya lo permite”, dice Puig.

 

El Ayuntamiento que se suma

“Es verdad que ha habido un boom de comercializadoras eléctricas, pero la novedad más importante es que están apareciendo algunas con nuevos valores, la apuesta por las renovables, la participación o el cooperativismo”, explica Eloi Badia, concejal de Presidencia, Agua y Energía del Ayuntamiento de Barcelona.

La capital catalana ha creado la comercializadora Barcelona Energia, mediante la cual el Ayuntamiento de la capital catalana gestiona desde el 1 de julio unos 1.000 contratos pertenecientes 3.908 puntos de suministro del ayuntamiento y 19 organismos y entidades del grupo de empresas municipales (oficinas, centros deportivos, iluminación…) que ahora tenían como titular a Endesa.

Para Badia, esta iniciativa es un ejemplo de la voluntad del Ayuntamiento de “recuperar la energía como servicio público” una vez constatado el “descontento histórico con el actual modelo energético”.

También es una respuesta al reto de la UE en favor de las energías renovables (toda la energía comercializada tendrá certificación verde).

El Ayuntamiento espera lograr un ahorro de 710.000 euros al asumir directamente la gestión de la energía. El Área Metropolitana de Barcelona (35 municipios con servicios comunes en agua, medio ambiente y urbanismo) ha emprendido el camino para que la comercializadora pueda suministrar energía a los equipamientos municipales.

Barcelona Energia no solo gestiona ya todo el consumo eléctrico del Ayuntamiento sino que en enero del 2019 se abrirá a los particulares, de manera que los barceloneses tendrán otra nueva opción para elegir comercializadora.

No obstante, como la normativa actual restringe a un 20% el volumen de electricidad que pueden comercializar las compañías públicas, eso significa que sólo un máximo de 20.000 hogares podrían acogerse a esta modalidad.

 

Factura justa, promesa

El Ayuntamiento ha prometido llevar a cabo en paralelo una configuración de la factura de la luz por tramos de consumo (como en el recibo del agua) y atender a las situaciones de las personas que viven solas y las familias numerosas.

También promete tener en consideración el problema de la pobreza energética, que ha desbordado los últimos años los servicios municipales, para compensar la “agresividad de las compañías eléctricas”.

Por ello, la comercializadora Barcelona Energia firmará un convenio con la Generalitat para afrontar el problema de las familias vulnerables. En paralelo, el Ayuntamiento –a través de Tersa, que gestiona la incineradora de Sant Adrià- continuará sus planes para desarrollar las energías renovables (planta solar del Forum, biogás del vertedero de Garraf…) y ha prometido apoyar las iniciativas de creación de plantas de autoconsumo.

Y un cuarto ejemplo

Otra compañía eléctrica que comercializa electricidad verde y que sigue la estela del nuevo modelo energético es Holaluz, que ha montado la primera instalación de autoconsumo con fuentes renovables de manera compartida en Rubí (Barcelona).

Se ha convertido así en la primera eléctrica del país en instalar placas solares para hacer realidad el autoconsumo compartido entre vecinos. Hasta inicios del 2017, la opción del autoconsumo compartida estaba prohibida en España.

La normativa del gobierno del PP prohibía expresamente que una instalación de autoconsumo fuera utilizada por varios vecinos de un mismo edificio. Todo esto cambió con la sentencia del Constitucional (2 de junio del 2018), que abrió la posibilidad de realizar el autoconsumo eléctrico compartido en viviendas y urbanizaciones, de manera que los usuarios puedan generar y consumir su propia energía.

“El reto de la compañía es crear un sistema que se convierta en nuevo estándar basado en un uso racional de la energía, el almacenamiento y la autoproducción”, dice un portavoz de Holaluz.

(El diario LaVanguardia clarifica que este texto es una adaptación y actualización de un artículo previamente publicado en la revista Ballena Blanca)

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