La mentira de la «reconquista», el gran mito español

La mentira de la «reconquista», el gran mito español

 

El uso político de «la reconquista», el gran mito español

«Entradillas», al margen del texto principal e intercaladas con él:

 

1) El término «reconquista» tiene claras connotaciones políticas desde su origen. Algunos lo utilizan como un formalismo, simplemente para distinguir esta etapa de la historia peninsular de la «conquista» que haría referencia al genocidio americano.

“España está cuestionada por progres, separatistas, islamistas…” – Santiago Abascal. Presidente de VOX. Cangas de Onís. 2019

 

2) Ortega y Gasset, en el libro » la España invertebrada» dijo: «una reconquista que dura ocho siglos, no es una reconquista»

 

3) Los historiadores Sánchez-Albornoz y Menéndez Pidal sufrieron la represión y el exilio. Albornoz se iría al exilio tras escapar a los trabajos forzados en el Valle de los Caídos. Para Menéndez Pidal fue más ‘light’, y continuó ejerciendo cargos una vez vuelto del exilio, a pesar de sus protestas por las depuraciones franquistas. Pidal alimentaría la ideología franquista desde la presidencia de la Real Academia de la Historia desde 1947 hasta 1968 y Albornoz sería presidente de la República española en el exilio.

Libro de Ramón Menéndez Pidal

 

4) Cada año en enero, Granada «celebra» que fue «reconquistada». La fiesta no está exenta de polémica, básicamente por el uso que hace la extrema derecha españolista del acto.

Grupos de extrema derecha asumen como propia la celebración institucional de la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos.

 

5) Menéndez Pidal defendió la castellanización de Cataluña y el País Vasco. Colaboró ​​en la revista ‘Raza Española’. A partir de él, cualquiera que haya cuestionado este término de «reconquista», ha sido tachado automáticamente de poco español, cuando no directamente de «separatista»

‘Nuestro interés es españolizar a los niños catalanes’ – José Ignacio Wert. Ministro de Educación y Cultura. Congreso de los Diputados. 2012

 

6) En la educación y el espacio público se utilizaba el imaginario de la reconquista como fantasía mítica. Las referencias constantes a la evocación simbólica de hazañas militares: Covadonga, la reconquista de Toledo, Las Navas de Tolosa, y los referentes religiosos: Santiago, los protagonistas de la historia-mito: Pelayo, el Cid, Alfonso VI, Fernando III, los Reyes Católicos, y en la identificación del Cid o Pelayo. Y que eran constantemente identificados con Franco.

“Sin las Navas de Tolosa, sin Lepanto y sin Carlos V, las señoras de esta sala llevarían burka” Ortega Smith. Secretario General de VOX. Parlamento Europeo. 2019

 

7) Los sublevados contra la república dotaron a la guerra civil de la consideración de «cruzada» llegando a hablar de «segunda reconquista». La propaganda franquista convirtió en omnipresente el «espíritu de la reconquista». Los rituales de victoria fueron impuestos por los fascistas españoles a semejanza de los romanos por parte de los fascistas italianos.

Cartel anónimo «1ª Cruzada – España orientadora espiritual del Mundo» (1939 ó 1940)

 

Texto principal

 

El término «reconquista» es un constructo artificial para determinar una etapa histórica de la península ibérica. Esta etapa iría del 711 al 1492. Aunque no se corresponde a ninguna realidad histórica, el uso del término se ha mantenido gracias a la indefinición sobre cómo explicar, o encajar, la existencia durante casi 8 siglos de estados musulmanes en la península, con la idea de España que algunos pretendían construir.

Fue dotado de significado nacionalista en el siglo XIX en el marco de las pugnas entre liberales y conservadores por el modelo político que había que imponer en el Estado español. Fue un aliciente para la construcción nacional del Estado-nación «España».

Actualmente, en historia es usa más directamente el término «conquista», más exacto. Aunque también se emplean variantes compuestas como «expansión de los reinos cristianos», «feudalización peninsular» o similares. Estas definiciones tienen el problema de ser claramente parciales. Sólo muestran el punto de vista cristiano. Con todo, los manuales de historia, documentales, y especialmente en la red, aunque es fácil encontrar el término «reconquista» como de uso habitual.

 

Razones por las que es inexacto el uso del término reconquista

 

La primera razón es el largo tiempo transcurrido. Evidentemente, estamos hablando de una sociedad medieval en la que el recuerdo e incluso el conocimiento en el siglo XIII y XIV, y no digamos en el XV, de lo que había pasado a inicios del siglo VIII era más que inexistente. Pero hay más:

Durante el largo período que ocupa se fueron sucediendo alianzas y enfrentamientos entre los reinos cristianos y musulmanes. Estas alianzas entre reinos musulmanes y cristianos se alterna con períodos de paz y envío de embajadas, e incluso coaliciones para luchar contra enemigos comunes. La idea de un «avance cristiano» continuo (tal como se tiende a explicar, de río a río) no tiene fundamento histórico. Es como si hoy todavía estuviéramos hablando de la conquista de las tribus bálticas como un continuo.

 

Más razones terminológicas e históricas

 

Terminológicamente, «reconquista» implica «volver a conquistar». Como si lo conquistado ya hubiera sido tuyo alguna vez. Cuando los reyes católicos conquistaron el Reino de Granada no «volvían» a ninguna parte. Por muchas razones:

 

1.- El territorio de Granada, en buena parte, nunca fue del todo visigótico, sino que formó parte durante una buena etapa de tiempo del imperio bizantino.

2.- Evidentemente, los reyes Católicos no tenían nada que ver con los linajes visigodos.

3.- Ni el Reino de Granada, ni ningún reino cristiano, eran entidades políticas existentes previamente a la llegada de los musulmanes.

 

A nivel de fuentes, el término «reconquista» no aparece en las fuentes alto medievales ni medievales plenas. Es un término que aparece en el siglo XIX. En época coetánea se hablaba de recuperación territorial e instauración de la monarquía. El término que se utilizaba era el de ‘restauratio’. Una restauración del cristianismo. Por ello los autores, especialmente los anglosajones, hablan de «cruzadas».

 

El debate de las ideas

 

Ha habido dos grandes tendencias a la hora de explicar el periodo musulmán en la península.

 

1.- Como un cuerpo extraño en lo que seguía siendo «España». Y por lo tanto, de forma «natural», los reinos cristianos recuperaron «su» territorio.

2.- Eran estados musulmanes, pero en realidad debajo hubo continuidad de la población anterior romano-visigótica, lo que justificaría y legitimaría la conquista cristiana para echar a los musulmanes, que pasaban a ser «invasores».

 

De entre los partidarios de la segunda opción, hay también variantes.

 

2.1.- Los que niegan que hubiera una llegada de musulmanes árabes y bereberes, defendiendo que en realidad eran étnicamente occidentales, como probaría la presencia de gente rubia o con los ojos azules entre los recién llegados.

2.2.- La población romano-visigótica habría huido en masa hacia el norte a refugiarse. De este modo, tendrían toda la legitimidad para después «reconquistar» las tierras de sus antepasados.

 

Actualmente, se sabe que ninguna de estas explicaciones es válida ni tiene lógica alguna. ‘España’ no existía como entidad política, sino como concepto geográfico. Los musulmanes no llegaron como una fuerza invasora para ocupar la península, sino que llegaron como parte de una especie de guerra civil goda y aprovecharon el vacío de poder. Llegó población procedente del norte de África y de más allá, de forma más representativa cuanto más al sur de la península se mire, pero no de forma que sustituyeran la población autóctona. Especialmente llegaron clases dirigentes, que se quedaron en las zonas más ricas de la península y con las mejores tierras, y soldados. La población autóctona no se fue en masa. Quizá algunas clases dirigentes se fueron para buscar refugio, y evidentemente se dio un movimiento y traspaso de población (en los dos sentidos), que de ninguna manera fue generalizado. Se produjo una islamización de la sociedad. En buena parte, cuando los conquistadores cristianos conquistaron Al-Andalus entre 5 y 8 ocho siglos después, en realidad expulsaron la población «original».

 

 

La interpretación de los hechos

 

Según Antoni Rovira i Virgili, los repartos en zonas de influencia de los territorios susceptibles de ser conquistados por cada reino cristiano era una incongruencia. La visión propagandística castellana, según la cual había habido un solo Estado anterior a los musulmanes, convertía en un paréntesis a modo de cuerpo extraño y accidental la existencia de Al-Andalus. Este hecho, que justificaba su conquista, chocaba frontalmente con la existencia de otras realidades peninsulares.

Especialmente en Castilla, los patrones ideológicos se basaban, por tanto, en «la vuelta a la normalidad» con la eliminación de este «cuerpo extraño y accidental», y por tanto, la «justa conquista» para finalmente legitimar la violencia. De este modo, la historiografía española, basada en la mentalidad castellana, dejaba al margen a los andalusíes, considerándolos poco menos que un estorbo en su historia. Unas gentes destinadas a desaparecer.

 

Diferencias entre mentalidades castellana y catalana

 

Posiblemente por esta incongruencia, ya los reyes leoneses utilizaron la fórmula «Imperator totius Hispaniae», como voluntad de supremacía sobre el resto de territorios cristianos peninsulares en formación. Y para vender la legitimidad de esta monarquía, como supuestamente descendiente de los godos y más concretamente de Don Rodrigo. El colmo de esta creencia llegó en 1135, cuando Alfonso VII fue coronado como emperador en León por todo lo alto. Le rindieron vasallaje los reyes de Navarra, Portugal y Aragón y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Todos se desdijeron de ello a la muerte de Alfonso VII.

Mapa de la Península Ibérica en el 1135

Los catalanes, a diferencia de los castellanos, no basaron su identidad sobre la conquista de territorios islámicos. Aparte de algunas incursiones puntuales, entre los siglos X y XII, los condes catalanes preferían cobrar las parias. No sería hasta el siglo XIII cuando los catalanes pondrían manos a la obra por los territorios del sur Hasta ese momento, la prioridad catalana siempre habían sido los condados occitanos, siendo la cuna de la nación catalana a ambos lados de los Pirineos.

Resultado de imagen de condados catalanes occitania

Dar las migajas a Alfonso VII ya iba bien a Ramón Berenguer. La presión que habían hecho los castellano-leoneses sobre Aragón acabaría beneficiándole, con la incorporación de Aragón bajo el linaje condal de Barcelona. Ramón Berenguer también conseguiría firmar el Tratado de Tudilén por el que se repartían los territorios peninsulares y pactaban cerrarles el avance a los navarros.

 

La utilización política de la conquista

 

A inicios del siglo XX, los historiadores introdujeron la intencionalidad política en sus interpretaciones de la conquista peninsular. Claudio Sánchez-Albornoz intentaba convencer a todos de que «la reconquista era una empresa común de todos los españoles». Él puso el foco en el origen del concepto «España» en Asturias, el mito que aún hoy persiste. Según su idea, un conjunto de reinos cristianos, liderados por Castilla como sucesora de León tras siglos de lucha «nacional y religiosa», capaces de «liberar el suelo patrio de los invasores musulmanes y conseguir la libertad».

Si Sánchez-Albornoz ponía la legitimidad, Ortega y Gasset puso la justificación de la idea de preeminencia de Castilla por encima de los otros territorios y por tanto, la idea de Estado central. La otra pata del ideario la pondría Menéndez Pidal. Ramón Menéndez Pidal está el origen de la idea de que la reconquista estaba inspirada en la idea de la unidad de España. Fue un gran ideólogo del nacionalismo español: «Castilla creó la nación por mantener su pensamiento ensanchado hacia la España toda». De él sale la idea de supremacía de la iglesia como pilar básico del Estado español, siempre bajo el liderazgo de Castilla.

Por otra parte, Bosch i Gimpera llevó aún más atrás las teorías del origen del carácter o existencia de la esencia «española». En este caso para justificar una España federal. Alegaba que tanto romanos, como visigodos, como musulmanes, fueron agentes extraños, una especie de añadidos sobre una base de pueblos peninsulares diversos en épocas más remotas, como los íberos y los celtas.

Si los anteriores defendían la parte 1 (y -1 en el caso de Gimpera) Américo Castro fue el representado de la línea 2. Mantuvo una airada disputa académica con Sánchez-Albornoz. Defendía la influencia de las culturas musulmana y judía en los reinos cristianos. Algo que escandalizaba a los partidarios de ver un cuerpo extraño en la naturaleza pura castellana. Hasta aquí, el debate del término no era tanto si «conquista» o «reconquista» como en saber cuánto de pura había superado la hispanidad «el accidente» del islam.

 

Interpretaciones actuales de la conquista

 

De entrada, casi todos los hechos de armas mitificados por el nacionalismo español se consideran hoy simples escaramuzas puntuales sin valor militar. O directamente mitos. Simplemente, los primeros movimientos fueron de habitantes de las montañas que bajaron a instalarse en el llano, especialmente en zonas de nadie, por lo que los musulmanes no les hacían mucho caso, si no era para ralentizar un poco su avance. Así fue hasta el Duero.

Con la desaparición del Califato, en 1031 (ya hacía 3 siglos de la llegada de los musulmanes y la islamización era completa), los reinos cristianos se plantearon objetivos meramente de supervivencia; ampliar territorios de cultivo y obtener botín a costa de los reinos de taifas. Sin voluntad de construir nada, al revés, sin manía por aliarse con los musulmanes de una taifa para luchar contra el reino cristiano vecino o la taifa de al lado.

La mayoría de expertos cuestionan los términos de «reconquista» e incluso el de «invasión». Ni fue tan traumática la llegada del Islam, sobre una población aún no del todo cristianizada, ni la llegada de los cristianos en el siglo XV tenía que ver con las tribus germánicas. No ha sido hasta décadas muy recientes cuando, con pesar, se ha podido superar la interpretación nacional-católica del medievalismo español. Y aún con polémica .

Ahora, han sido las teorías del medievalista francés Pierre Guichard las que han destrozado del todo las ideas preconcebidas hasta la actualidad de las sociedades islámicas occidentales. De hecho, es una vuelta más de tuerca en el aspecto ideológico, en un momento donde supuestamente se ha empezado a mirar hacia Europa, tal vez era el momento de desmitificar y encajar el pasado islámico peninsular. Sin mistificaciones idealizadas, como las de la «gran civilización de las fuentes de mil colores».

 

La recuperación al alza del mito y su asimilación popular

 

Hasta la guerra civil y la dictadura franquista, este debate de la «reconquista» era un tema intelectual, de visión política, y de trasfondo de interpretación cultural de las diferentes naciones peninsulares.

La dictadura se lo hizo suyo. Hasta tal punto que conformar la base ideológica del origen de la «nación española» , tal como la entendía el nacional-catolicismo. Contradictoriamente, siguiendo el «Muera la inteligencia» tan típico español, a pesar de la fácil absorción y utilización de las ideas nacionalistas, católicas y castellanistas/centralistas españolas, tanto Sánchez Albornoz como Menéndez Pidal tuvieron problemas.

La idea del triunfo de la España católica aprovechó las teorías de Menéndez Pelayo y su historia de España. Según esta historia, los momentos patrios más «gloriosos» habían sido los de unidad religiosa: los concilios de Toledo, Isabel la Católica, Felipe II, la guerra de independencia (del francés) y la «segunda cruzada» en este caso «contra el bolchevismo». Esta idea la cultivan durante toda la dictadura, conjuntamente a la idealización de la Victoria en la figura del dictador. Durante la transición, incluso la operación para desmantelar la importante facción carlista, mayormente de izquierdas, se llamó «Operación reconquista».

Visto, por tanto, en contexto, la famosa expresión «a por ellos» y otras similares, no son más que la expresión cultural de un movimiento de continuación ideológico patriótico de salvación que sintetiza hasta qué punto la sociedad española actual, creada a modo y semejanza de Castilla, absorbió la idea de «reconquista» por la ideología y propaganda franquista con base en el nacionalismo español de principios del siglo XX.

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