Cuando las cosas se tuercen…

  • AUTOR: Gontran Patrick Dutoya

Cuando las cosas se tuercen…

 

Mientras se redactan estas líneas, el número de casos confirmados de COVID-19 en España ascienden a más de 81.000, muy cerca de los más de 82.000 casos confirmados y oficiales de China, y no muy lejos de las cifras de Italia.

No voy a extenderme sobre la situación sanitaria o económica del país a día de hoy. Es un drama en toda regla cuyos efectos serán latentes seguramente durante los próximos años. Tampoco cargaré contra las diferentes administraciones (desde la europea hasta las comunidades autónomas) ni juzgaré sus actuaciones. 

Carecemos del conocimiento suficiente para que sea una crítica legítima y podemos llegar a entender que desde China hasta “Las Américas” ha habido opacidades, confrontaciones y actitudes que no han hecho más que propiciar la impotencia con nos enfrentamos a esta pandemia global.

En lo que sí podemos reflexionar es en un modelo político anticuado que demuestra ser incapaz de afrontar los retos y problemas que nos plantea el mañana. Desde la Unión Europea hasta las comunidades autónomas pasando por el gobierno central del Reino de España, las medidas para luchar eficazmente contra el cambio climático, la propagación de nuevas epidemias o las crisis migratorias brillan por su ausencia. Hagamos hincapié en el adjetivo “eficazmente” porque medidas, las hay, pero lo que no obtenemos son resultados que nos lleven a solventar estos problemas.

Y no es por falta de propuestas; más bien hay una carencia de voluntad política para enfrentarse seriamente a todos estos problemas. La Unión Europea es un claro ejemplo de este desastre político. El mastodonte europeo es capaz de apretar las tuercas a los campesinos para que se modernicen y se adapten a un modelo de producción supuestamente más sostenible que a menudo les deja un margen de beneficio ridículo si comprendemos lo duro y no obstante imprescindible que es su labor, mientras no son capaces de prohibir de una vez por todas la comercialización de productos envasados innecesariamente en plástico. Tampoco son capaces de luchar contra leyes estatales que ahogaron en su momento la producción de energía solar en un país como España, mientras somos testigos de cómo nuestro vecino portugués ha conseguido producir casi la totalidad de su energía con renovables, si bien sigue lejos de poder subsistir totalmente con ellas. La voluntad política, dicho sea, es palpable.

Con la crisis del nuevo Coronavirus observamos, especialmente en España, lo absurdo que puede llegar a ser la situación, y me atrevería a describirla como risible, si no fuera por la cantidad de muertes y los dramas sociales que nos deparan los tiempos venideros. Tenemos militares realizando ruedas de prensa en una crisis sanitaria, tenemos titulares que comentan como su majestad manda la Guardia Real para luchar contra el virus. Leemos noticias sobre unos test comprados sin ser homologados (650.000 ni más ni menos). Por lo general, una gestión un tanto torpe de la situación… si bien no quería entrar a valorar las actuaciones del gobierno, tengo que repasar algunas de ellas para contraponerlas a la actuación de la población en general: Salvo algunos irresponsables, que siempre los hay, que ignoran las medidas de cuarentena, nos encontramos con trabajadores sanitarios entregados en cuerpo y alma (y por desgracia algunos dejándose la vida) para detener esta epidemia, ciudadanos que fabrican material sanitario bien sea cosiendo o imprimiendo piezas con impresoras 3D, o incluso gente que se dedica a contactar por teléfono a gente mayor o población en riesgo para tranquilizarlos o ayudándolos si hace falta. Las medallas serán para policías, soldados y, espero, para algunos científicos o médicos. Pero si esta crisis se soluciona, será sin duda gracias a la gente, a nuestros familiares, a nuestros vecinos, nuestros médicos, sanitarios, etc. Y esto es lo que significa el EMPODERAMIENTO de la sociedad: el germen de la verdadera democracia. Cuando cada uno de nosotros saca lo mejor de sí para el bien común, dejando de lado las aspiraciones personales y partidistas.

Más que nunca es momento de reflexionar y plantear alternativas. Siguiendo por el mismo camino por el que hemos caminado (o por el que nos hacen caminar) seremos incapaces de aportar soluciones a los problemas que nos depara el futuro, y que, no creo exagerar, determinarán la supervivencia de nuestra civilización y en última instancia, de nuestra especie.

¿Y la clase política? ¿La “casta”? Son producto de un sistema anticuado, burocrático y será difícil que salgan del molde. Aún así, pueden seguir teniendo una función vital que es representar a las personas y usar sus conocimientos para elaborar propuestas y defender las decisiones tomadas por la gente. Una democracia cuyo sentido sea desde la gente hacia los políticos (de abajo a arriba), pero en ningún caso que se trate de elegir a las personas y cederles todo el poder de decisión, sino más bien, elegirles como representantes y defensores de nuestras decisiones, las que tomamos nosotros.

No es nada extravagante plantear una alternativa así en el siglo en el que nos toca vivir. Y en situaciones como al que estamos viviendo, ¿No creéis que se hubieran tomado mejores decisiones haciendo caso de los consejos de médicos, epidemiólogos, y expertos en general y votadas y aprobadas por la población? ¿No creéis que incluso sería más fácil para un político aplicar decisiones apoyadas por la voluntad del pueblo, que no cargar con todas las responsabilidades de un fracaso?

En todo caso, son en momentos como el que atravesamos en el que es evidente que si no nos empoderamos democráticamente, ¡Ya! , estamos condenados.

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