Crónicas de nuestro ocaso: la necesidad

  • AUTOR: Gontran Patrick Dutoya

Crónicas de nuestro ocaso: la necesidad

 

En esta serie de artículos de opinión se presentarán aspectos oscuros de nuestra época, poniendo de manifiesto la fina línea que separa nuestra civilización del progreso de la barbarie autodestructiva que sigue formando parte de nuestro ADN.

 

Sin duda estaríamos hablando de una de las industrias legales más lucrativas de nuestros tiempos, aún que no oigamos mucho hablar de ella en la mayoría de medios convencionales.

Genera más de 50.000 millones de dólares al año, y las cifras de su consumo representan un enorme porcentaje de la población: entorno a un 60% de hombres y algo más que un 35% de mujeres. Existen más de 25 millones de portales dedicados exclusivamente a ello y se han registrado más de 80.000 millones de vídeos.

La industria del porno.

Las cifras hablan por sí solas. Y sólo son algunas de las más destacadas que definen esta industria como una de las más lucrativas y extendidas del mundo, siendo Internet una de las herramientas clave para el desarrollo de esta actividad.

Los que somos más veteranos y hemos vivido sin la omnipresencia de la red recordamos que existían revistas pornográficas en algún rincón de los quioscos, y como algunos las adquirían a menudo con cierta incomodidad y discreción. O cómo había algunos pasillos recónditos en los videoclubes donde se podían encontrar producciones pornográficas. Internet ha cambiado todo esto. Ahora cualquiera puede consumir pornografía discretamente, sin dar explicaciones a nadie. Según PornHub, plataforma líder en Internet, 20% de los hombres admite ver porno en su puesto de trabajo. El porno está a un clic, a un toque, al alcance de todos, y pocos se resisten a la tentación.

Aun así sigue siendo un tabú. Esta es una de las dicotomías más curiosas de occidente, donde más peso tiene esta industria. Cuando vemos un país que lidera estas cifras como Estados Unidos y por otro lado vemos cierto puritanismo ambiente, hablando de dios, de moral, nos podría parecer curioso, sobre todo si lo comparamos con otras civilizaciones, como la Hindú, donde el sexo es mucho más presente y visible en apariencia, pero a su vez mucho más sutil y espiritual. Porqué el porno no deja de tener una función muy clara. Como lo dice Wikipedia, se considera pornografía una “Obra literaria, artística, cinematográfica, etc. que describe, presenta o muestra actos sexuales de forma explícita con la finalidad de excitar sexualmente.” Una vez aclarada la función, podemos hacer la reflexión: ¿es necesaria tanta excitación sexual?

Seguramente no, pero la cuestión es que el porno ofrece un placer directo, fácil, y que cumple con una necesidad ligada a un instinto biológico, más aún si lo entendemos como una herramienta para la masturbación que permite gozar sin contar con otras personas. Y aquí conviene no confundir pornografía y erotismo. El erotismo puede adoptar muchas formas, y una de ellas la pornografía, que se podría considerar la forma más cruda, explícita y directa de pornografía. Mientras en algunas de las formas del erotismo juega con la insinuación o la sugerencia, dejando lugar a la imaginación de cada uno y cada una.

 

Así, el porno se puede relacionar con la cultura del Fast-Food. Un alimento que cumple una necesidad básica; la alimentación, pero de la forma más rápida, asequible y básica posible. Comida que uno ingurgita generalmente solo, de pie o conduciendo, con sabores estudiados para que ofrezcan una experiencia “sabrosa” aunque artificial, y con una pobre aportación de nutrientes. Mientras que el hecho de alimentarse puede llegar a ser una experiencia gustativa, sensorial y personal mucho más intensa. Convertir una necesidad humana en un arte: la gastronomía. El arte de crear, compartir y gozar de los alimentos. Y siempre mejora esta experiencia en buena compañía.

También el sexo puede ser un arte. No se trata del todo de una necesidad, más bien de un impulso o un instinto. Pero este instinto se puede satisfacer de la forma más directa posible o, como la alimentación, puede convertirse en una experiencia sexual, personal e incluso espiritual de lo más enriquecedora. El sexo tántrico de la cultura india es un ejemplo de ello, contemplando todo el camino hasta el orgasmo como una meta de por sí, generando un vínculo entre los amantes, estableciendo una relación química y espiritual entre los cuerpos. Un enfoque en el que el principal objetivo es la experiencia compartida.

Tanto el sexo tántrico de la india como la gastronomía de calidad tienen en común esto: la experiencia placentera compartida. Los amantes tántricos, el chef y sus comensales, construir esta experiencia sobre una necesidad común, y gozar del proceso, del principio al fin.

 

Salvando distancias, otra necesidad que poco a poco se va acercando al Fast Food y al porno y alejando del Sexo Tántrico y la Gastronomía: La política.

Como los otros ejemplos, la política responde a una necesidad: Organizar las sociedades humanas para tomar las mejores decisiones posibles y que, en teoría, se tomen pensando en el bien común y colectivo. En su forma ideal las decisiones se tomarían en base a debates constructivos y propuestas elaboradas, con argumentos, con el placer de compartir y contrastar para buscar la mejor opción. Gozando del intercambio con los demás, tanto con los que piensan igual para sumar, como con los que piensan lo contrario para buscar puntos de unión y construir con más diversidad. Analizando datos y comparar sus interpretaciones, y valorar cuando algunos datos puedan contradecir aquellos presentados. Siempre desde el respeto del otro, la empatía, el diálogo y la comunicación…

Pero esta no es la realidad.

La realidad es una esfera política mediatizada donde todo gira entorno a acusaciones cruzadas, descalificaciones, condenas, difamación de ideas ajenas, manipulación de la información y los datos, mofas, y si se puede, que la justicia condene a los rivales. Una política que prefiere mensajes simples, básicos y de masas. Y si este modus operandi se puede contagiar a todos los seguidores de una ideología y que estos se enfrenten, aún mejor. Cada vez aparecen más portavoces de ideologías básicas, basadas en prejuicios, en burdos argumentos y sin ningún interés de diálogo… Y lo peor es que cada vez son más los que son elegidos a gobernar.

 

Así pues, igual que el porno y el Fast Food dan la impresión de satisfacer una necesidad sin aportar nada a nivel personal y espiritual. La política aporta la sensación artificial de que podemos decidir nuestro futuro, nos deja con una breve satisfacción de saciedad política cuando votamos cada 3 o 4 años para luego dejar lugar a un vacío democrático.

 

Otra cosa sería una democracia directa y participativa basada en valores como la empatía, la cooperación y el diálogo. Llegar a una decisión trascendente por el bien común, en el que todos puedan participar y aportar, sería una culminación semejante, salvando distancias, a un orgasmo tántrico o concluir unos postres deliciosos en una cena de alto nivel culinario.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. nobleazorean dice:

    Infelizmente, tudo de mal é o consumismo e capitalismo em massa. Sou capitalista, mas também vejo os seus defeitos.

    Me gusta

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