Las Españas y Portugal

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Antonio Machado, en su conocido poema, reflejó muy bien ese sentimiento de que “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Realmente, el escrito expresa que hay tres Españas: la tercera es la de Machado, quien lo escribe, la que “sufre” por el comportamiento de las otras dos. En los últimos años, políticamente hablando, tanto a nivel de dirigentes, como a nivel social, hay crispación, intolerancia y falta de respeto, a unos grados que son preocupantes, entre las distintas ideologías. La oratoria de los políticos con frecuencia es degradante y maleducada. Cuando están en la oposición han normalizado el todo vale para erosionar al gobernante. Parece utópico llegar a acuerdos. Si a esto añadimos que todos los rebaños tienen ovejas negras (corruptos), todos los pastores intentan ocultarlas, y que los afiliados se conforman con que tienen menos ovejas negras que los demás. El resultado es que hay una tercera España, donde están los sufridores, los decepcionados y los pasotas de nuestro sistema democrático.

La dualidad derecha e izquierda, con su abanico de colores, no es mala, es necesaria para representar la complejidad de innumerables formas de pensar.  Sus programas no son perfectos, su ejecución no siempre se consigue, no se pueden controlar todas las circunstancias, pero con moderación y una alternancia en el medio plazo, la sociedad avanza; sobra decir, que no a gusto de todos. La virtud de la derecha es la de ser conservadora. La virtud de la izquierda es la de ser progresista. Tópicos que resumen en una palabra su esencia. Qué sería de la izquierda si los progresos no los conservara la derecha, y qué sería de la derecha si la izquierda no plantease cambios. Se puede decir, que se complementan. Sin embargo, en la práctica, estas virtudes son vistas como defectos insoportables y motivo de insultos, “carcas” contra “progres” y llegados al extremo “comunistas” contra “fascistas”, con esta visión nos comportamos como enemigos, no como adversarios que quieren el bien de la mayoría.

Así a las democracias les llega un problema serio, y es que con el paso del tiempo la abstención vaya aumentando. Si la participación disminuye, la fuerza representativa de los líderes mayoritarios pierde valor y crece esa “tercera sociedad”. Portugal no está libre de ese problema. Tiene un índice muy elevado. El español no tanto, también alto, compartimos el desprestigio de nuestras clases políticas y el hastío que nos producen.

Los iberistas somos una pequeña parte de ese tercer Portugal y esa tercera España, a la que no le parece saludable el ambiente político y social en el que nos movemos. Pensamos que la política se puede hacer de otra manera, más constructiva, que sin renunciar a nuestra ideología individual, sin caer en la decepción y la abstención, buscamos un común denominador con ciudadanos de buena voluntad, “boa vontade”, que dice Paulo Gonçalves, líder del Movimento Partido Ibérico portugués. El Iberismo desde un punto de vista transversal y democrático, sumando fuerzas portugueses y españoles, quiere afrontar los grandes retos y problemas que hay en la actualidad, mejorar y progresar en la medida de lo posible, en palabras de María José Linde, líder del Partido Ibérico Íber español. Es un camino largo y difícil, “se hace camino al andar”, pero motivador e ilusionante, los iberistas no quieren ser sufridores pasivos.

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