La batalla por la educación

El deterioro

Es difícil hoy en día dudar del pésimo funcionamiento de nuestra educación.

Hablamos de educación entendida en su totalidad, abarcando el sistema educativo, el entorno y la educación familiar, los medios de comunicación… todos aquellos aspectos que en una sociedad avanzada acaban forjando los individuos y formando intelectualmente a los ciudadanos. Observamos año tras año como todos estos aspectos de la educación se van deteriorando, dejando generación tras generación un porcentaje cada vez mayor de ciudadanos perdidos, desorientados, ignorantes y absolutamente desprotegidos. Personas inmersas en un mundo, en un sistema, que no comprenden ni entienden, y contra el que no tienen ningún tipo de defensa.

¿Habría que preguntar-se porqué las cosas van tan mal? Quizás… Pero también nos podríamos preguntar si realmente las cosas van mal. Es decir, para el ciudadano desprotegido parece claro que nada va bien, pero quizás para algunos todo funcione a la perfección.

Asumiendo que uno tiene el poder y el dominio de un territorio y de su población, ¿Acaso es preferible tener una mayoría de población instruida, formada intelectualmente, capaz de entender los problemas e identificar sus raíces, idear soluciones, identificar los responsables y culpables… o es preferible una mayoría de población manipulable, a la que se puede moldear la opinión, a la que es fácil impresionar y dirigir hacia un propósito?

Hay personas que están en primera línea de esta batalla, día tras día, enfrentándose a las marear crecientes de individuos perdidos y desorientados. Soldados solitarios y silenciosos que combaten día a día contra las fuerzas que contribuyen a alimentar la tormenta. Se enfrentan a alumnos sin noción de respeto y sin ningún interés en aprender, a padres sobre-protectores que les acosarán por cualquier hecho que pueda descontentar sus criaturas; se enfrentan a medios de comunicación y subculturas que elogian la ignorancia, el dinero fácil, y desprecian el intelecto; se enfrentan a administraciones sucesivas completamente ajena a todos estos problemas, que les marea, les complica el trabajo, y que les hace cambiar de método reformando el sistema educativo cada dos por tres; y se enfrentan a una población ignorante, que creen que su labor es fácil, y que desprecia sus puestos de trabajo y su oficio.

Estos soldados silencioso son los profesores y los docentes: figuras solitarias que se enfrentan desprotegidas a esta marea descontrolada y creciente de ignorancia, estupidez, falta de respeto y desesperanza. Recientemente hemos podido sentir toda esta tensión por medio de la intervención de una docente con 19 años de experiencia: https://ibernexus.com/2017/01/26/estoy-harta-la-realidad-de-nuestra-educacion/


Los arquitectos de la disfunción

Uno de los aspectos nefastos de la educación apuntados por esta profesora, es la administración. “(Estoy) Harta de la Administración, que cambia las leyes y la normativa que rige en mi trabajo sin preguntarme qué opino y sin darme formación para hacer bien mi nuevo trabajo.” En efecto podemos observar como cada gobierno aplica nuevas reformas y cambia el sistema educativo, sin hablar de las derrocaciones de leyes anteriores, las competencias autonómicas, las leyes europeas, los edictos municipales, etc.

No hay duda de que la educación es un sector clave para lograr que una sociedad sea equilibrada, educada, formada y capaz de analizar problemas y encontrar soluciones. Las nociones generales que aprenden los alumnos en el colegio e instituto deberían constituir unos pilares sobre los que edificar un conocimiento y un razonamiento crítico vitales para situarse como individuos en el contexto espacio-tiempo-sociedad. Pero esto no parece ser así. Parece que la educación tiende cada vez más hacia la mediocridad, la falta de interés, el conocimiento llano y superficial y ningún noción analítica-crítica.

¿ Hay que sorprenderse al ver que el sistema institucional de educación sea tan pésimo? Para nada! Sólo hay que entender que aquellos que toman decisiones, aquellos que elaboran las leyes y las aplican, aquellos que reforman la educación periódicamente, no son profesionales del sector educativo. Por lo tanto, están muy alejados de todos los problemas planteados en educación. A menudo sus hijos serán educados en colegios privados de alto standing en la que por supuesto el nivel educativo sera más alto. No quiero pensar que su incompetencia es intencionada para beneficiar así su propia descendencia, pero hay que admitir que parecen dedicarse con mucho empeño a poner palos en las ruedas de la educación pública.

Aquí también entra en juego las ideologías políticas. Cuando gobierne la derecha, se reformará la educación y se aplicaran nuevas leyes; cuando gobierne la izquierda, se derrocaran leyes anteriores, se reformará la educación y se volverán a aplicar nuevas leyes, y así hasta el infinito, mareando profesores y alumnos en un baile grotesco en el que todos salen perjudicados. Pero no hay ninguna duda de que si la mayoría de la población pudiese dar su opinión, el 85% estaría de acuerdo en la mayoría de las leyes que regulan la educación. Y estoy aún más convencido de que si el ministerio de educación estuviese formado por docentes, directores de colegios y universidades y personas vinculadas en la educación, el sistema funcionaría mucho mejor y sería mucho más estable.


Tecnocracia y democracia

Quizás seria momento de plantear una alternativa, no sólo en el sistema educativo, también en los sectores claves para el buen funcionamiento de una sociedad. Podríamos considerar que para que una ley sea justa y buena, debería ser elaborada por personas capaces, y legitimadas por la mayoría. Actualmente no se cumplen ninguna de estas condiciones, puesto que las leyes son elaboradas y aprobadas por políticos electos. y a menudo por una mayoría menor de un fragmento de la sociedad que los ha votado, y a menudo sin apoyar todo el programa. En estas condiciones no es de extrañar que las cosas vayan como vayan.

Idealmente, podríamos establecer un sistema de gobierno con dos cámaras complementarias. Actualmente tenemos dos cámaras, cierto, una es el congreso de diputados y la otra el senado, pero a fin y al cabo no dejan de ser las mismas personas de los mismos círculos que elaboran, aprueban y ratifican las leyes. Una alternativa que podríamos considerar es tener por un lado una cámara tecnocratica “de personas capaces”, y otra cámara “que represente la mayoría“.

La cámara Tecnocrática la conformarían profesionales del sector o personas relacionadas. En este caso: docentes con experiencia, directores de colegios e institutos, decanos, profesores universitarios, investigadores, representantes de asociaciones de estudiantes, o representantes de asociaciones de padres de alumnos. Esto se podría aplicar en otros sectores como la sanidad, la agricultura, la industria, etc. Nadie mejor que ellos puede conocer los problemas del sistema, sus necesidades, el planteamiento del futuro, la repartición presupuestaria… es aplicar en cierto modo lo que antiguamente se conocía como los gremios, en la que los mismos profesionales regulaban su oficio. Pero un sistema de gobierno únicamente basado en esto podría generar abusos por parte d’este “gremio”.

Y aquí entra en juego la segunda cámara: una asamblea ciudadana. El objetivo de esta seria aprobar las leyes propuestas por la cámara tecnocratica, legitimando así su aplicación. Los miembros serian elegidos al azar entre la población, respetando unos baremos de edad, sexo, nivel adquisitivo y condición social. El azar constituye un freno evidente al soborno y a la corrupción debido a la imposibilidad de predecir quién estará en la asamblea, por eso se utilizó en la única democracia directa conocida en la historia: la democracia ateniense. Habría que otorgar mandatos cortos de 2 años, sujetos a revisión y aplicando la mayor transparencia posible para evitar el lobbing y la formación de grupos de presión, y por supuesto, nada de pensiones vitalicias,  salarios exorbitantes y impunidad jurídica para aquellos que traicionen su mandato. Herramientas que se podrían aplicar también en la cámara tecnocrática.

En el caso de leyes de vital importancia y enorme impacto social, también se podría disponer de la herramienta del referéndum. La población actuaría así como tercer elemento o arbitro. Si desbloqueamos esta herramienta democrática, podríamos dar mucha más legitimidad al estado. Implantando el referéndum de iniciativa popular, en la que los ciudadanos puedan forzar el gobierno a derrocar una ley o a trabajar en cuestiones que preocupen parte la población.

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